Cuando el bosque arde, el impacto permanece
Los incendios forestales que han afectado a diferentes territorios de España durante este verano vuelven a poner de manifiesto la vulnerabilidad de nuestros ecosistemas frente a un escenario climático cada vez más cálido y extremo.
El fuego forma parte de la dinámica natural de algunos ecosistemas mediterráneos. Sin embargo, cuando aumenta la frecuencia de condiciones de calor extremo, sequedad, viento y disponibilidad de combustible vegetal, los incendios pueden alcanzar una dimensión y una intensidad que dificultan la recuperación natural de los ecosistemas.
Además de las sobrecogedoras imágenes de las llamas sobre las hectáreas afectadas, los desalojos provocados y afecciones por humo, un incendio forestal supone una alteración ambiental profunda del territorio.
Según la Ley de Montes, en España la gestión ordinaria de los bosques corresponde principalmente a sus propietarios (Estado, comunidades autónomas, ayuntamientos o particulares), siendo las comunidades autónomas la autoridad forestal competente responsable de autorizar, supervisar y controlar dicha gestión. En el caso de los Montes Catalogados de Utilidad Pública, la intervención autonómica es especialmente intensa y, en muchos casos, la gestión efectiva recae directamente en la comunidad autónoma.
Desde un punto de vista técnico, la falta de legislación no es la causante de la ausencia de gestión de los montes sino el abandono económico y social del territorio rural. Aunque el órgano encargado de la gestión está perfectamente establecido, los propietarios y administraciones carecen de medios o incentivos suficientes para realizar una actuación activa y continua. El resultado es un incremento de masas forestales densas y con elevada carga de combustible, lo que aumenta la vulnerabilidad frente a incendios, plagas y fenómenos climáticos extremos.
Un verano que vuelve a situar el fuego en el centro de la emergencia ambiental
Los datos disponibles muestran que 2026 está siendo un año especialmente dramático.
A principios de agosto, el Sistema Europeo de Información sobre incendios forestales (EFFIS-Copernicus) publicaba los datos provisionales, en lo que llevamos de año la superficie afectada es de aproximadamente 222.000 hectáreas.
En concreto, esta cifra representa casi 5 veces más superficie que el mismo periodo en 2025. Además, se calcula que España concentra aproximadamente el 44,5 % de toda la superficie quemada por incendios forestales en la UE hasta esa fecha.
Cabe destacar algunos de los episodios más recientes y significativos, por provincia y superficie aproximada afectada:
- Burgohondo (Ávila, Madrid, Toledo): ≈77.000 ha. Este se considera como el incendio forestal de mayor extensión registrado en España hasta la fecha.
- La Mierla (Sierra Norte de Guadalajara): ≈35.000 ha.
- Niebla / Raboconejo (Huelva): ≈33.000 ha.
- Tírig (Castellón): ≈16.000 ha.
- Los Gallardos (Almería): ≈7.000 ha.
El incendio no termina cuando se apagan las llamas
El reto ambiental no termina con la extinción del fuego. Comienza entonces un proceso de recuperación que puede durar años y que afecta al suelo, al agua, a la vegetación, a la fauna, al paisaje y a las comunidades que dependen de ellos.
Suelo: la primera barrera que desaparece
La vegetación protege el suelo frente a la erosión. Cuando un incendio elimina la cubierta vegetal, el terreno queda mucho más expuesto y esto puede favorecer: pérdida de suelo fértil, erosión y degradación del terreno, escorrentía superficial, desprendimientos y movimientos de tierra; arrastre de cenizas y sedimentos hacia ríos y embalses; pérdida de materia orgánica y alteración de las propiedades del suelo.
Flora: pérdida de vegetación y recuperación desigual
Algunas especies vegetales están adaptadas al fuego y pueden regenerarse después de un incendio. Sin embargo, una sucesión de incendios en intervalos demasiado cortos puede impedir que la vegetación alcance la madurez necesaria para recuperar sus funciones ecológicas, así como agravarse con la presencia de especies invasoras.
Fauna: pérdida y fragmentación de hábitats
Los incendios pueden provocar mortalidad directa de animales, pero también generan efectos indirectos de gran importancia como: pérdida de refugios y lugares de reproducción; reducción de fuentes de alimento; fragmentación de hábitats; desplazamiento de especies; alteración de las cadenas tróficas y disminución de la conectividad ecológica.
La recuperación de una comunidad vegetal no implica necesariamente una recuperación inmediata de las comunidades animales asociadas a ella.
Agua: un ecosistema conectado
La pérdida de vegetación puede aumentar la escorrentía y el arrastre de sedimentos hacia los cursos de agua. Esto puede afectar a la calidad del agua y a los ecosistemas acuáticos.
Personas y territorio: una emergencia ambiental y social
Los incendios forestales no afectan únicamente a la naturaleza.
Pueden provocar evacuaciones y desplazamientos de población; daños en viviendas, infraestructuras y explotaciones; interrupciones de carreteras y servicios; contaminación atmosférica por humo y partículas; afecciones sobre la salud; pérdidas económicas en agricultura, ganadería, turismo y otras actividades; deterioro de espacios de uso recreativo y cultural.
El impacto puede ser especialmente significativo en territorios rurales, donde la pérdida de recursos naturales y actividades económicas puede contribuir a profundizar procesos de despoblación y vulnerabilidad territorial.
Prevenir + gestionar + conservar + restaurar + sensibilizar
Aunque la gestión de los incendios forestales requiere políticas públicas, planificación territorial y recursos especializados, la ciudadanía también desempeña un papel importante. Durante los periodos de alto riesgo evitemos:
- Hacer fuego en zonas no autorizadas
- Arrojar colillas
- Utilizar maquinaria que pueda generar chispas en condiciones de riesgo
- Dejar residuos o materiales inflamables en el medio natural
- Circular o estacionar en zonas donde esté restringido.
Una acción aparentemente pequeña puede evitar un incendio de grandes dimensiones.
El compromiso ambiental también forma parte de nuestra actividad
Desde la ONCE, la sensibilización ambiental forma parte de una visión de sostenibilidad que busca integrar la protección del medio ambiente con el bienestar de las personas y la inclusión.
Algunas de las actividades ambientales desarrolladas en los diferentes centros, durante el pasado Día Mundial del Medioambiente, han permitido acercar el conocimiento de los ecosistemas a través de experiencias accesibles y sensoriales: desde la conservación de ecosistemas terrestres hasta la biodiversidad urbana, los suelos, las aves, la flora o la fauna silvestre.
Estas iniciativas muestran que conocer nuestro entorno es también una forma de aprender a protegerlo.
El cuidado de nuestros ecosistemas es una responsabilidad compartida y una inversión en resiliencia, biodiversidad y bienestar para las generaciones presentes y futuras.
Conservar antes de que arda.
Prevenir antes de que sea demasiado tarde.
Fuentes de referencia:
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). Estadística General de Incendios Forestales (EGIF) y Avances Informativos de Incendios Forestales.
- Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Índice de Peligro de Incendios Forestales (IPIF) y estadísticas de riesgo de incendios.
- Comisión Europea – Joint Research Centre (JRC). European Forest Fire Information System (EFFIS).
- Copernicus Emergency Management Service. Información y seguimiento de incendios forestales.
- MITECO. Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España (ERICC-2025).
- Comisión Europea – Joint Research Centre. Estudios sobre erosión y recuperación de suelos después de incendios forestales.
- Perfil Ambiental de España – MITECO.
- BOE. Ley 43/2003, de Montes.
- Plataforma Tierra: El sector forestal y la gestión del monte en España.