Talento invisible: cuando el valor no siempre está en primer plano
Claves para identificar y aprovechar el potencial que pasa desapercibido.
En la ONCE, como en muchas grandes organizaciones, hablamos con frecuencia de talento, pero no siempre nos detenemos a reflexionar sobre qué entendemos realmente por él. Cuando hablamos de talento, nos referimos a la capacidad de las personas para aportar valor de manera diversa y sostenida, en función de su experiencia, del contexto y de su forma de contribuir.
Esto implica entender que el talento no se expresa siempre con la misma intensidad ni desde el mismo lugar. No tiene una única forma ni un único ritmo. Hay momentos en los que necesitahacerse presente para impulsar el cambio, abrir nuevas posibilidades o movilizar a otras personas, y otros en los que su valor está en sostener, conectar y aportar experiencia sin ocupar el foco.
Por eso, hablar de talento implica partir de una definición amplia, capaz de reconocer la diversidad de miradas, estilos y aportaciones que hacen posible que las organizaciones funcionen y evolucionen.
Todo talento brilla… aunque con diferente intensidad
Desde esta perspectiva, se hace necesario hablar de las distintas formas en que el talento se expresa y es reconocido en las organizaciones. Tendemos a reconocer con mayor facilidad, aquellas aportaciones que se traducen en resultados tangibles, intervenciones más públicas o roles con mayor exposición.
Sin embargo, junto a ese talento convive otro igual de valioso, que sostiene procesos, cuida relaciones, anticipa riesgos o hace posible que el trabajo de otras personas avance con solidez. Un talento que no siempre ocupa el primer plano, pero que resulta imprescindible para mantener el equilibrio y el éxito colectivo.
El valor de la diversidad y la suma de talento
En la ONCE, esta reflexión adquiere una especial importancia, porque convivimos personas con perfiles, trayectorias y estilos distintos, cuyas aportaciones se complementan y enriquecen la manera en que trabajamos. Esta pluralidad es una de nuestras grandes fortalezas y un elemento central de nuestra cultura.
Desde el liderazgo que se ejerce desde el ejemplo y la coherencia, hasta la experiencia profunda de la Organización, el conocimiento técnico que permite resolver incidencias o el acompañamiento que cuida y apoya a otras personas, el talento en la ONCE se expresa a través de aportaciones diversas y necesarias.
Reconocer estas formas de contribuir permite que los equipos sean más equilibrados y respondan mejor a los retos, integrando miradas distintas, tomando decisiones más completas y aprovechando mejor el valor que aporta cada persona.
¿Y qué podemos hacer para potenciar el talento invisible?
Potenciar el talento invisible empieza por algo tan sencillo y a la vez transformador, como ampliar la mirada sobre el valor que aportan las personas. Supone cuestionarnos qué contribuciones solemos poner en primer plano, cuáles pasan más desapercibidas y qué talento puede estar esperando el contexto adecuado para desplegarse.
En la ONCE, potenciar el talento invisible es, ante todo, una responsabilidad compartida, de líderes, de equipos y de cada persona. Una responsabilidad que se traduce en el día a día en la forma en que trabajamos, incorporamos distintas maneras de aportar y prestamos atención a aquello que, sin ocupar el foco, resulta esencial.
Una cultura donde todo el talento cuenta
Tenemos la oportunidad de seguir construyendo una cultura donde todas las formas de talento tienen espacio y son reconocidas.